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ORLANDO ARIAS
MORALES
BIOGRAFIA
Orlando Arias
Morales advino en el meridiano de Bolivia Potosí, en 1954, es el
tercero de siete hermanos, hijo de Constantino Arias y de Maritza
Morales. Se inició pintando clásico y realismo, pero pronto se dio
cuenta que este tipo de pintura llevaba siglos desarrollándose, por
lo que dio el salto al neofigurativismo, abstracto, expresionismo y
surrealismo.
A los 21 años
participa en el Concurso del VII Salón Nacional de Artes Plásticas,
Oruro- Bolivia; a partir de entonces, comienza una fructífera
carrera como pintor, participando en diversas exposiciones
individuales y colectivas, así como en diversos salones y concursos
de pintura en su Bolivia natal, donde obtiene algunos premios por su
calidad pictórica. En el año 1979, la prensa “Los Tiempos” de
Cochabamba, publica en un aparte lo siguiente: “Orlando
Arias muestra al espectador un conjunto de obras muy bien logradas y
pese a su juventud, se perfila con algunos de sus óleos como un
pintor de personalidad definida y estilo propio... la producción de
Arias denota sin embargo, una preocupación por investigar en nuevas
formas y técnicas de la plástica ya que también incursiona, con
algunos óleos, en la pintura geométrica y en otros muestra los
resultados de un trabajo iniciado bajo la influencia realista”.
Deseoso de
conocer mundo y con sus ilusiones a cuestas, decide buscar nuevos
horizontes en otros países de América Latina; en compañía del pintor
Ricardo Rocha Guzmán sale de Bolivia rumbo a Perú a comienzo de
1986, aquí conocería al reconocido escultor peruano Víctor Delfín,
de quien recibirían importantes consejos y enseñanzas sobre arte en
su palacio-taller de la zona de Barranco en Lima, y además sabedor
de que seguirían viaje a Ecuador, les recomendó a su colega y
amigo Oswaldo Guayasamín.
Ese mismo año
llegan a Ecuador donde conocerían al maestro Oswaldo Guayasamín,
quien les abriría las puertas de su taller y del que aprendería
algunas claves del arte universal, sirviéndoles de contacto para
abrir algunas puertas en el ambiente artístico del Ecuador. Por su
parte, permanecería en este país hasta el año 1988, dedicándose por
completo a la pintura. Continuando con su periplo en busca de nuevas
sensaciones pictóricas y para enriquecer sus conocimientos
artísticos, viaja a Colombia a mediados de 1988, aquí continuaría su
trabajo artístico, adquiriendo prestigio y reconocimiento, lo que
sería determinante para quedarse en este país durante quince años
hasta el año 2003, teniendo su taller en la ciudad de Medellín y
exponiendo en Cali, Bogotá, Cartagena de Indias, entre otras
ciudades.
Federico Villegas Barrientos, escritor, poeta y crítico de arte
colombiano, para el catálogo de una exposición de Orlando Arias
escribe: “Orlando
como todo artista auténtico tiene un volcán, un fuego interior que
lo consume y cuando pinta está en erupción, dominado por la emoción
y el delirio, su pincel se convierte en su sexto dedo y deja la
huella de su ansia estética y el dolor milenario de sus antepasados,
por eso entendemos que su naturaleza la de Orlando está impregnada
de guitarras, colores y aquelarres, guerras y naufragios interiores
sabia levadura para amasar la escultura de un valor de la plástica
que con el soplo de los días demostrará que solo el delirante, el
que sublimiza el dolor pinta con sangre con relámpagos y tempestades
los murales que serán eternos como la única visión del que a pasado
por la vida intensamente como un hombre desnudo sin superficiales
velos de sedas hipócritas. Primero el Ser, por eso antepongo este
sermón de esencia de sándalo para expresar y esperar de quien ha
sido como describo el pintor que demostrará en un futuro no lejano
una obra que por madura y brillante en abstracto caerá del árbol de
su vida para gloria de su patria, como el corazón enamorado y
Bolivia como Colombia que tiene la gloria de un Fernando Botero y
Ecuador un Guayasamín tendrá un Arias. AMEN”.
Reynaldo
Spitaletta, escritor y prestigioso periodista publica en el matutino
“El colombiano” de Medellín: “En la pintura de Arias hay halos
místicos y misteriosos. Busca trascender la realidad, ir más allá de
lo físico, nadie pasa impunemente ante una obra de Arias, porque en
ella hay poesía, y dolor, y un grito de tierras y aires, que va más
allá de los andes”.
Durante su
permanencia en la ciudad de Medellín, Colombia, el crítico de arte
Leonel Estrada Jaramillo, miembro de la Asociación Internacional de
Críticos de Arte comenta en un catálogo que: “A la hora de
las definiciones lo que menos importa es que Orlando Arias sea
figurativo o abstracto, o que se ocupe más, o menos, de la
geometría, del rostro humano o del paisaje. Tampoco debería
preocupar si pinta con acuarela, témpera, óleo o acrílico, si su
colorido es de la escala caliente o de la fría. Al final de
confrontaciones y apreciaciones la verdad, lo importante, es que
Arias Morales es un, artista y lo es con todas sus circunstancias y
aportaciones...A alguien también puede preocuparle si Arias, el
artista, es boliviano, colombiano o paraguayo o de cualquier lugar
de América. Llegamos a lo mismo, para el caso lo esencial es que su
arte es de dimensión universal, expresado con la experiencia y la
sensibilidad de un auténtico creador latino en el final del Siglo XX”.
En este
período, a principios de 1993, viaja a Costa Rica donde permaneció
durante un año, pintando y promocionando su obra, aquí se admiraría
y valoraría su pintura, obteniendo reconocimiento como artista.
En el año 2001
viaja a Panamá llevando su obra, exponiendo en la Galería Signos,
allí permaneció dos meses, los que le sirvieron para establecer
contactos con gente dedicada al arte y la posibilidad de abrir
nuevos espacios para su pintura.
En diciembre
del año 2003, da el salto trasatlántico a Europa, viajando a
Italia, para participar en la IV Bienal Internacional de Arte
Contemporáneo, realizada en Florencia. Luego continuando con su
incursión en el arte italiano, en febrero del año 2004, es invitado
para realizar una exposición individual en la Asociación Italiana
de Cultura y Deporte, (AICS), del Palazzo Pretorio di Sesto
Fiorentino en Florencia. De su periplo artístico en tierras
italianas, se hizo eco la prensa italiana, recibiendo una buena
crítica y cálidos elogios. Su estancia le sirvió para recorrer
algunas ciudades en busca de espacios artísticos, visitando ferias
importantes como la de Bolonia, y tomar contacto con artistas del
lugar, como el afamado escultor Ciro Cipollone que vive en Loppiano,
La Toscana – Florencia, a quien conoció personalmente y visitó su
taller.
Llega a España
en febrero del año 2004, participa en dos exposiciones en Barcelona,
en una de ellas obtiene una Mención de Honor y decide afincarse en
Madrid, donde vive actualmente, durante este tiempo su obra es
seleccionada en los salones de la BMW y de la Fundación de las
Artes, también participa en la primera exposición de Arte
Iberoamericano Contemporáneo juntamente con Fernando Szyszlo,
Roberto Matta, Manuel Mendive, Julio Zachrisson entre otros.
Joan Lluis
Montané, de la Asociación Internacional de Críticos de Arte
refiriéndose a la serie de Ciberandinos, escribe: “Su paleta
es variada, luminosa, con determinación americana, dado que sus
cromatismos están encendidos, parecen llamas que se propagan en la
llanura del pensamiento, en el bosque intenso de las palabras, dado
que son producto de conceptos muy evidentes, producto de la propia
coherencia en el pensamiento del devenir.
Hay futuro,
pero también un sentimiento intenso de soledad, de estar aislados en
un planeta enfermo, falto de moral, sin valores, reflejando la
angustia en los robots que son personas, pero, también máquinas,
porque la fiebre del consumismo nos ha convertido en almas en pena,
sin ideales, en un mundo siempre enloquecido por la fiebre de poder.
En un planeta de choque de intereses, nosotros, seres que estamos
iluminados pero no lo sabemos, aspiramos a la iluminación pero nos
venden marcas y productos para prolongar la mirada de la ciencia en
el devenir de la forma. Nos preparan para vivir más en un contexto
banal, en el que lo que importa es el exterior luminoso y no el
interior iluminado”.
Tomás Paredes,
presidente de la Asociación Madrileña de Críticos de Arte, comenta
sobre la obra de Orlando diciendo:
¿Qué es Ciberandinos? Ante todo, una lección de pintura. Una
respuesta a su generación y al momento; cuando más se anuncia la
muerte de la pintura, más refulgente resulta en su obra”.
Según el
mismo crítico “Ciberandinos es un espejo donde se mira una de
las formas plásticas de América Latina, en la actualidad. Una visión
boliviana, sin recursos a la cultura de la queja, imbuida por la
solidez de una pintura elegante y atractiva, hechicera, legible y
que produce placer a los sentidos y excita el pensamiento”. Luego
más abajo Tomás Paredes destaca que: “En esta pintura, mucho
mejor que en otras facetas del pintor, veo una orientación, el aillu
más hondo de un hombre profundo, silente, pausado, adusto, que es
Orlando Arias. En estas cromías y formas robóticas, están ínsitas
los aguayos y las máscaras, la reverberación de aymaras y quechuas,
los sones de un ritmo y una forma de entender el camino, dicho con
elación, con solvencia, con desparpajo, con rotundidad. Se oyen aquí
la queja de una quena, el sonido de los huankaras y la sonrisa de
una imilla”.
En el año 2008, Arias fue
invitado a participar en una exposición junto a otros pintores de
renombre internacional en el Salón Carrousel Du Louvre de París, el
museo del arte y la cultura más famoso del mundo.
A lo largo de
su amplia trayectoria artística, ha participado en numerosas
exposiciones individuales y colectivas en Bolivia, Ecuador,
Colombia, Costa Rica, Panamá, Estados Unidos, Italia, España,
Francia, Bélgica, Austria, Portugal, quedando testimonio de su labor
y su paso por estos lugares en la prensa escrita. Actualmente su
obra se encuentra en galerías de diversos países y en manos de los
mejores coleccionistas de América y Europa.
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